La voz de las comunidades (Opinión)

Entre los miedos y las alegrías en medio de la crisis del COVID-19, en las comunidades marginales de la ciudad vamos del día a día. Todavía nos juntamos en algunos momentos para acordar los siguientes pasos que tomaremos para hacer frente colectivamente a la crisis, porque aunque anunciaron que llegaba la enfermedad, nunca nos explicaron concretamente en qué consistía, nunca graficaron eficazmente cómo se aplican las medidas correctas para no contagiarnos. Hay muchas fotografías y videos del mismo presidente y autoridades que no aplican las medidas, y ellos son el ejemplo.

 

Ahora nos encontramos eminentemente frente a diversos problemas. La chamarra no nos alcanza para los alimentos, la medicina, el agua, la renta, el virus avanza y parece alcanzarnos y no vemos claridad en las medidas del gobierno para contener la propagación del coronavirus. Se han perdido dos meses en pleitos entre funcionarios públicos y miembros del CACIF. No equiparon los hospitales y actualmente no hay condiciones para la atención y vemos el desbordamiento para asistir a los enfermos.

El verdadero problema en el país es el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras, CACIF, y los funcionarios públicos. Ellos son el cáncer, porque son ellos los que implementan la impunidad y la corrupción en el sistema, que está hecho a la medida de sus ganancias, la vida de la población no les importa.

Los programas de gobierno no llegarán a la población necesitada. Los funcionarios, todos, toditos, buscarán la forma de beneficiar a sus empresas, a sus familiares, a sus amigos, a sus partidarios y tendrán que pagar sus deudas de campaña.

El estrés en nuestras comunidades crece afectando a mujeres, personas de la tercera edad, niños, niñas, adolecentes, porque no tenemos la capacidad de llevar fácilmente el alimento a nuestras casas sin correr riesgos, dependemos del trabajo diario. Pan ganado, pan comido.

A pesar de esas circunstancias no nos rendimos, la alegría en nuestras casas siempre está presente. También vemos que el problema puede traer beneficios, por fin la madre naturaleza respira de tanto humo de los vehículos, de los aviones, de las explotaciones de los recursos, se siente aliviada. En casa, nos da tiempo para convivir con la familia, con las plantas, con las personas a la distancia y con quienes antes no nos comunicábamos.

Cuando salgamos de esto, no vamos a ser las mismas personas, y tampoco podremos salir o buscar el mundo que teníamos y nos llevó a esto, ya no más contaminación, más explotación. Tenemos que buscar un mundo que sea para todas y todos, para los animales, las plantas. Vamos a ser seres distintos, buscando el bien común.

Solo la organización nos llevará a tener una vida digna.
 

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