Democracia de Género

Democracia de Género

Capacitando y asesorando a dirigentes, mujeres y hombres, para el impulso dentro de sus organizaciones, de una política y un programa de fortalecimiento a la participación y toma de decisiones de las mujeres y un enfoque multiétnico. Así como, elaborando políticas y propuestas para la aplicación del respeto a la multiculturalidad y la equidad en las relaciones interculturales y de género. Se promueve la participación de la mujer impulsando la organización y participación de las mujeres a través de grupos comunitarios, programas y redes, integradas a la organización comunitaria y las coordinaciones a nivel municipal, departamental y regional.
Las relaciones de género predominantes en la sociedad guatemalteca, repercute en el espacio regional, pues está inmerso en un sistema patriarcal establecido en el capitalismo, en donde prevalece una sobre valoración de lo masculino, generando con ello relaciones de poder inequitativas en los aspectos político, económico, cultural y social, situación que afecta mayoritariamente a las mujeres en diferente magnitud, ya sea por su condición de género, clase y etnia.

En el aspecto político, las mujeres fueron reconocidas como sujetos sociales en el año 1945, concediéndoles por primera vez la calidad de ciudadana con lo que tuvo acceso al sufragio, este derecho fue otorgado únicamente a las alfabetas, pese a ello, la mayoría ejerce su derecho al voto y una minoría de ellas es postula y electa en los diferentes cargos públicos, esto se pone de manifiesto en los siguientes datos: a nivel nacional de 158 diputaciones, 19 son ocupadas por mujeres, en el espacio local de los 332 municipios 3 estarán dirigidos por mujeres.

En lo que respecta a la participación de las mujeres a nivel organizativo, la dinámica en las asociaciones comunitarias es la siguiente: Las mujeres constituyen más del 50% de sus socios o miembros, sin embargo, su participación en los cargos más altos es aun limitada, las juntas directivas están integradas por un 57% de mujeres y un 43% de hombres, pese a que las mujeres son mayoría, ellas ocupan los cargos de menor rango pues el 33% fungen como presidentas a diferencia de los hombres quienes constituyen el 67%, seguido por el cargo de tesoreras el que es ocupado por el 75% de las mujeres, seguido por las vocalías las que históricamente han sido ocupadas por ellas, en el que predomina una participación del 83% a diferencia de los hombres pues únicamente el 17% desempeña esta función.

Las acciones encaminadas a resolver sus necesidades básicas y estratégicas son mínimas, actualmente en las asociaciones se ha notado una reducción en la parte social, situación que se evidencia en la reducción de sus programas en donde el programa de la mujer ha ido desapareciendo o se desarrolla de forma conjunta con otros programas afines, de 12 asociaciones integradas a la red en 4 ha dejado de funcionar el programa de la mujer y en dos de ellas su base social ha sido reducida, pues actualmente su asamblea la constituyen socios fundadores, en donde la mayoría son hombres, esto es producto de la dependencia de los fondos externos para el sostenimiento de las asociaciones.

La participación femenina en el mercado laboral ha aumentado de 26% en 1989 a 37% en el 2000. A pesar de este incremento, los empleos a los que tienen acceso la mayoría de mujeres son de baja productividad, de carácter informal y sin prestaciones. Así mismo, las mujeres comienzan su inserción en el campo laboral a muy temprana edad y en empleos de poca remuneración.

En lo que respecta al acceso al crédito las mujeres tienen menos posibilidades que los hombres de obtener crédito, recurso esencial para el emprendimiento de una idea económica, pues la mayoría de entidades bancarias no toman en cuenta las condiciones de género y exigen las mismas garantías a hombres y mujeres, esta situación también se refleja en algunas de las asociaciones comunitarias pues no cuentan con herramientas e instrumentos que les permita tomar en cuenta las condiciones de género.

En educación, según datos de la política nacional de promoción y desarrollo integral de las mujeres se han generado algunos avances significativos en este tema, debido a que en el 2,005 se logro una cobertura educativa en el nivel primario del 95.6%, sin embargo las tazas de cobertura en los demás niveles se mantienen bajas, siendo el diversificado la más reducida con un 19%, seguida por el nivel básico con un 33%.

Con respecto al analfabetismo, según datos de las autoridades educativas éste ha descendido de 3.52% entre el 2003 y 2007. El 20% de hombres es analfabeto mientras que un 27% de mujeres no saben leer y escribir. La población del área rural y la que pertenece a las etnias mayas son las más afectadas por el poco acceso a la educación. El departamento del Quiché, donde la mayoría de la población es indígena y viven en el área rural, más de la mitad de las mujeres no saben leer ni escribir.